jueves, 29 de septiembre de 2016

La sorprendente leyenda de la mujer vaca.



¿Quién fue la mujer  vaca?  ¿Existió realmente? O sólo es producto de la imaginación popular y el deseo que tenemos, de  de que cada ser humano que peca  o hace mal en el mundo, pague su culpa en la tierra y no en lo profundo del infierno.
Cuenta la leyenda que la mujer vaca en realidad se llamaba Sofía Armenta, su belleza superaba  por mucho a cualquier mujer que haya pisado estas tierras tan calientes; tierra que seguramente le transfirió ese calor a lo profundo de su cuerpo, ya que era una mujer muy ardiente, a la que soñaban poseer todos los hombres poderosos del lugar.
Pero ella dueña de una belleza sin igual y un cuerpo de tentación, creía saber su lugar en el mundo y se daba a desear rechazándolos a todos  con una coquetería que enloquecía a los hombres.
Pero sucedió que Sofía Armenta conoció a un buen tipo, un hombre alto y guapo  que era inmune a  la magia de su  gran belleza; eso no lo pudo soportar y en poco tiempo estuvo en los brazos  y en la cama de un hombre que apenas conocía, entregándose  con tan  enorme placer y profundidad que quedó embarazada. La bella Sofía embarazada y con un pequeño vientre que empezó a crecer hasta convertirse en una gran hinchazón que le  desagradó  hasta maldecirla.
El guapo hombre desapareció, nunca se ocupó de ella y ella se quedó rumiando su dolor y desgracia, solamente ansiaba deshacerse del vientre y lo que llevaba dentro para volver a ser Sofía la bella, la mujer que todos admiraban y querían poseer.
Cuando el niño nació, a ella le despreocupó de tal manera  que lo mantuvo en el abandono, ella quería recuperar su bello cuerpo, su cintura, sus senos que todos envidiaban, nacarados y hermosos, tan hermosos que ella nunca se cansaba de admirarlos frente al espejo.
El niño hambriento lloraba día y noche pidiendo  que lo alimentaran, ella de mala gana  le preparaba el  biberón  y se lo metía en la boquita  volviendo a sus frívolas tareas. Nunca quiso amamantar al niño que lloraba pidiendo la blanca leche de su madre.
Cuando enfermó de gravedad por la falta de leche,  las mujeres le pidieron, le rogaron le diera pecho, pero ella se negó diciendo que no era vaca ni su hijo becerro, que tomara leche de la mamila, que por algo la  habían  inventado. El niño lloró  y lloró, hasta que no tuvo fuerzas y  ella quieta no le importaba, ni le importó cuando lo enterraron en un pequeño cajón.
Cuentan quienes la conocían, que al poco tiempo Sofía Armenta empezó a perder toda la belleza que la enorgullecía;  los senos le crecieron desproporcionadamente y junto a ellos  nacieron enormes protuberancias, por donde empezó a manar  mucha leche,  los cuatro manantiales parecían inagotables y ella siempre se encontraba bañada del blanco y dulce líquido que se asedaba en su piel  con horrible olor.
Toda la belleza   de Sofía había dejado de existir, era un monstruo que andaba   y se alimentaba en cuatro patas debido al peso de las ubres. La mujer padecía  mucha hambre, a veces  se compadecían de ella y le arrojaban algún alimento, cuando  esto no ocurría, se le vía pastar como un rumiante.


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martes, 20 de septiembre de 2016

El Arcángel vengador


Dicen que era un pueblo maldito, el crimen y la maldad imperaba en los corazones  de los hombres  y estos descargaban su odio y venganza contra los más débiles. No cabía duda que el mal  había sentado  sus reales y contagiado hasta la tierra,  donde sólo brotaba maleza y mala yerba.
Allí los malos mandaban, eran la ley y no dudaban en aplicarla  contra sus enemigos o contra quienes no estuvieran de acuerdo con ellos. Las jóvenes eran violadas, los niños asesinados,  los padres secuestrados  y diariamente se vivía un verdadero infierno del que  nadie podía escapar, si no era a través de la muerte.

Un hombre terrible encabezaba a los malos; era feo y deforme, pero la verdadera maldad no estaba en su exterior,   se escondía en el fondo retorcido de su alma;  desde tal lugar asomaba sus fauces  y gruñía  como verdadero demonio.

Para castigar a una familia que tuvo la desgracia de ser encontrada culpable de rebelarse contra los deseos de Ramón Aparicio, que así se llamaba el jefe; fueron castigados cruelmente; quemándolos públicamente a fuego lento  como si de una barbacoa se tratara; el cruel hombre los encerró en un círculo de llantas de camión  y los miró cocinarse  lentamente  entre gritos desgarradores que al final cesaron  mientras don Ramón reía y amenazaba con hacerle lo mismo a los que desafiaran su autoridad.
Las monstruosidades  de don Ramón  Aparicio  se hicieron  famosas, tanto descuartizaba enemigos como los despellejaba vivos, todos le temían, la misma autoridad  evitaba meterse con tan peligrosos enemigo.

Un día le dieron la noticia, le dijeron que un hombre preguntaba por él, que  venía por el camino Largo, que vestía como un fuereño con una gabardina  que le llegaba hasta los tobillos  a pesar del calor sofocante. De este hombre le dieron las señas de que era muy  alto  y casi rubio y que se mostraba sin miedo, desafiante   e irreverente, al decir a todo mundo que venía  buscando a don  Ramón Aparicio para castigarlo.

Don Ramón envió por él, quería la sangre y  los huesos del hombre que lo desafiaba en sus propios terrenos;  doce hombres que fueron a cazarlo  jamás  regresaron,  los encontraron   regados por el camino, muertos y con la  señal de la cruz en la frente.
Cuando el hombre llegó, ya lo estaba esperando, lo dejó entrar al pueblo, donde un ejército  de sicarios armados  lo cazarían como a un perro.

Pero el hombre no llegó por la entrada de la ranchería, apareció en medio de un trueno, un terrible rayo  que partió una gran ceiba y mató a más de la mitad de los hombres que quedaron regados por doquier.
La gente cuenta que lo ocurrido fue como una pesadilla, armado con enorme espada  dio cuenta de todos los enemigos, era imponente y brillante, alto y poderoso, dos enormes alas brotaban de su espalda y daba saltos por encima de las casas.


Cuando llegó el turno  a don Ramón, este lo miró horrorizado, su sola presencia quemó sus ojos  y el arcángel clavó la espada en la tierra  que empezó a resquebrajarse, para  posteriormente tragarse al  mal hombre, que parecía sufrir la más terrible de las agonías. Nunca nadie volvió a ver a don Aparicio, ni al arcángel;  sólo las huellas de la batalla quedaron imborrables; a la fecha  nadie vive en los alrededores, donde se aprecia la maleza quemada  y la ceiba partida por un rayo. La gente dice que el gigante rubio que mató a tantos sicario y se llevó a don Ramón era un arcángel enviado por el cielo.
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viernes, 9 de septiembre de 2016

El tesoro enterrado.


Hace muchos años estuve al borde de la muerte. En el abandono total, sin familiares ni amigos cercanos, sentí que mi vida llegaba a su fin; la muerte me rondó y me tocó  llenándome de pavor y desesperación. Vivía solo, nadie acompañaba mi sueño febril, plagado de delirios y pesadillas. Una noche terrible de sudores y fiebres, busqué mi  más preciado tesoro. Un arcón de madera finamente labrada, herencia de mi abuelo y a su vez, de lejanos antepasados.

La primera vez que lo tuve entre mis manos y pude ver su contenido, me maravillé;  nunca fuimos pobres, más reiteradamente necesitábamos del crédito bancario y, ahora, entre mis manos tenía el pesado cofrecito repleto de valiosas monedas de oro, mucho más valiosas por su antigüedad, oro que fácilmente  hubiera aumentado considerablemente nuestro capital.

Yo hice prácticamente lo mismo, lo atesoré y no me atreví a gastar una sola moneda; mi vida solitaria, sin familia ni gente cercana, no necesitaba de nada más; guardé el tesoro familiar, siempre teniéndolo muy cercano. Así fue, hasta aquella noche que creí que moría. Lo cargué trabajosamente  y manejé mi camioneta por oscuro sendero,  hasta llegar a un paraje, conocido y predilecto para mi persona. Haciendo  gran esfuerzo  y a punto del desmayo caminé 30 pasos, 30 largos pasos al norte  del nacimiento rocoso de una vidriosa veta, me di media vuelta mirando el  ocaso y caminé  otros 30 pasos; fijando mi mirada vidriosa, giré media vuelta a la izquierda y cansadamente anduve 13 pasos por el boscoso y solitario lugar. Allí cavé, no sé cómo lo hice, me temblaba el cuerpo como azogado; pero aun así, cavé metro y medio de una tierra roja, donde metí mi tesoro, cubriéndolo de ramas, antes de echarle la tierra  y dejar el suelo como si nada hubiera pasado.

Eso fue hace muchos años, tanto que me hice más viejo de lo que ya era, porque no me morí, no me pude morir, y en vez de morirme  me llevaron muy lejos, tan lejos  que hasta la fecha no he podido regresar. Vagué por muchos lugares del mundo, con la  esperanza de volver  a mi rancho en Ocotlán,  en el mero  corazón del Toronjal, ya allí  agarrar el  camino de Cerro prieto y llegar  al claro donde se juntan los caminos, buscar la piedra veteada y sacar mi tesoro, el cofre que me heredó mi padre  como última voluntad que no voy a poder cumplir, dárselo al primero de mis hijos.



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Como oculté un cofre lleno de monedas de oro





hace muchos años, a punto de morir, enterré un valiosos tesoro, un cofre repleto de monedas de oro, tan valioso como  para  vivir tranquilamente y sin trabajar el resto de la vida. El caso es que enfermo me llevaron a curar al extranjero, lugar en el que he vivido muchos años y no he podido regresar.



Ahora quiero volver y rescatar el tesoro, el cofre con las monedas de oro.
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sábado, 13 de agosto de 2016

Cómo busqué y encontré un tesoro. Increíble pero cierto







El fabuloso  hallazgo de un hombre que lo hizo millonario, miles de monedas de oro y plata, que buscó durante años.
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sábado, 30 de julio de 2016

La leyenda del perro milagroso





En diversas ocasiones, hemos escuchado o leído sobre hechos
sobrenaturales, acontecimientos que narran 
el milagro realizado por una divinidad; 
a través de un santo vivo o muerto, una reliquia, una imagen o  una oración o pedimento realizado  con mucha fe.

El mundo está lleno de milagros, la historia  y la literatura lo testifican, la iglesia lo
exalta, santificando a quienes se atribuyen la realización de estos hechos
milagrosos.
Todos hemos escuchado de boca de familiares o amigos: es un
santo milagroso, lo pidió con mucho fervor y le concedieron el milagro, hizo
una manda por un favor divino recibido. Estas expresiones y muchas no parecen
más interesantes, cuando la necesidad y la fe nos  mueve a pedir 
el favor de la intervención divina para curar una mala enfermedad, un
hijo descarriado, un problema de dinero y muchas cosas más que la gente le pide
a los santos y al  mismo Dios para salir
de los apuros que la vida suele poner en el camino de los hombres.
Esta es la extraña historia de milagros, ocurrida en un
pequeño pueblo  habitado por personas
creyentes  y respetuosas de la palabra de
Dios. En esta localidad se dieron hechos milagrosos, comprobados por la misma
iglesia romana y un centenar de personas que dieron fe  y juraron tener conocimiento de los milagros.
Estos hechos, no los realizó una estampa milagrosa o un Santo Cristo, estos
milagros fueron realizados por un perro, un peludo perro, andrajoso y sin dueño
que vagaba  por las calles, lleno de las
heridas y lastimaduras causadas por las personas que lo ahuyentaban
violentamente.
Un perro sin nombre, al que pronto bautizaron con el mote del
“Perro Milagroso”.  La historia comienza
una mañana de  un domingo de ramos,
cuando el perro se aproxima a un hombre ciego echado en el piso y pidiendo
limosna. El perro lamio y lamio  los ojos
lagañosos y sin luz y el hombre recuperó la vista, entre gritos de aleluya y
cantando el milagroso hecho.

No pasaba una semana, cuando el perro de los milagros volvió
a dar de que hablar. Un borracho había sido atropellado, lanzado por los aires,
el pobre hombre cayó cuan largo era, echando sangre por nariz y boca. Ya no se
movía y la gente lo daba por muerto, pero el perro llegó, quién sabe de dónde y
lamiendo la sangre que no lo dejaba resollar, lo hizo dar un tremendo suspiro,
el hombre se sentó, miró extrañado para todos lados y se marchó como si nada
hubiera pasado, eso sí, dando algunos traspiés de la guarapeta  que agarró en tres días de beber mezcal.

El tercer milagro perruno causó conmoción, estremeciendo a
toda la región.  El cortejo fúnebre,
cargaba  a  doña  
Canuta a su última morada, caía llovizna y el sepelio se antojaba
triste, doña Canuta nunca se había casado, por lo tanto no tenía hijos  y sus pocos familiares, esperaban su muerte
ansiosamente para heredar sus bienes. 
Había muerto repentinamente de un ataque fulminante, los familiares ni
tardos ni perezosos la metieron en un ataúd 
blanco, que depositaron a la entrada del panteón, para dar las  gracias a los acompañantes. Fue cuando el
perro milagroso  empezó a ladrar y a
rascar  el ataúd, lo hacía con tanto
empeño que las personas  abrieron la tapa
y el perro saltó dentro de ella causando 
admiración entre los presentes; dio varios saltos sobre la muerta antes
que esta  resucitara y provocará  la desbandada de los presentes y el disgusto
de los familiares.

A partir del electrizante hecho, el perro milagroso fue
venerado y se le atribuyeron un sinfín de milagros; la gente le tomaba fotos y
la enmarcaba y colgaba en las paredes donde le rezaban a todas horas.

El perro Milagroso curó la tifoidea de un niño, masticando
yerbajos y vomitándolos sobre su boca, curó enfermedades y salvó el alma de
prostitutas, drogadictos, rufianes y sicarios que querían salvar su alma y
enmendar el camino. El pueblo envió una solicitud para que se santificara al
perro en vida, pero fue rechazada por el Vaticano. El final del Perro
milagroso, llegó, al ser apedreado brutalmente por infieles y pecadores, que aprovechando
que el animal se encontraba   en
pleno  celo, persiguió a una perra por
una vereda solitaria. Allí lo encontraron bajo el sol, inflado y lleno de
moscas. Se decretaron tres días de luto y al Perro Milagroso  se le lloró de manera inconsolable, se le
erigió una gran estatua, y en la entrada del pueblo, un hermoso arco con su
nombre.



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miércoles, 27 de julio de 2016

El perro que aprendió a hablar ¡¡¡INCREIBLE!!! ¡¡¡AUNQUE NO LO CREA!!!







Esta es una
historia que me contó mi compadre Diego, él dice que conoció al perro, yo digo
que mi compadre no andaba en sus cabales.
El Pinto era
un perro de mediana estatura, como comprenderán, su nombre provenía  de pintas negras en una pelambre blanca como
la nieve. Era un perro inquieto y obediente; sabía de buenos modales y los
ponía en práctica delante de las personas; intentando no sacar la lengua y
babear como lo hacen los demás perros. Para el pinto era muy incómodo, su
naturaleza perruna y sus instintos lo mandaban abrir  el hocico para refrescarse;  pero lo intentaba muy bien y procuraba
mantener el hocico cerrado.
Para el pinto
no había cosa más importante que comportarse como humano y aprendía todos los
días observándolos detenidamente; posiblemente era el perro más inteligente del
mundo, porqué pronto supo hacer, casi todas las cosas que pueden hacer las
personas.
Pero el colmo
de todo fue, cuando se resultó hablando en un español bien educado, siempre
respetando las reglas del buen hablar y bien decir.  Para todos fue una maravilla, pronto fue
famoso y los periódicos más prestigiosos se peleaban por una entrevista; los
noticieros televisivos con mayor audiencia, lo quisieron contratar para  que se hiciera cargo de una sección
noticiosa.
Pero al
Pinto no le interesaba la fama, al aprender a parlotear, se sintió tan libre y
maravillado, que no podía dejar de hacerlo. Hablaba hasta por los codos, se
entrometía en la plática de los demás y 
gustaba tanto  de los chismes, que
al contarlos sentía una enorme satisfacción.
Lo que en un
principio fue un gran  milagro, pronto se
tornó en enorme molestia para los conocidos del pinto. Se había convertido en
un chismoso irremediable que metía en problemas a sus conocidos.
Tanto lo
satisfacían estos chismes, que para el colmo, aprendió a inventarlos; el perro
maravilla le inventó historias a todo mundo y la mayoría de ellas no eran nada
agradables; precisamente,  esto era lo
que más lo satisfacía; la mentira inventada, debía llevar dolo y falsedad,
dañar el prestigio  y la honra y
sobretodo, herir  profundamente los
sentimientos de las personas.
Las
calumnias del Pinto, se hicieron tan terribles, que ya se contaban entre sus
hazañas varios divorcios y el honor mancillado de buenas y santas jovencitas.
El perro hablantín  era tan odiado que
muchos intentaron dañarlo y enviarlo a la perrera, pero el Pinto, demasiado
listo, esquivaba los ataques y renovaba su repertorio de falsedades.
El final de
su aventura canina, llegó el día en que presenció un lamentable hecho.
Refrescándose  bajo  un sombroso árbol, observó  a varias camionetas detenerse, de ellas
bajaron individuos armados hasta los dientes y, de un lujoso automóvil bajaron
a un hombre, que a empellones lo llevaron con rumbo desconocido, no sin antes
dar muerte a los conductores de otro automóvil, que al parecer protegían al
hombre que secuestraron.
El Pinto y
su lengua larga no se hizo esperar, ahora tenía un gran chisme de primera mano
y lenguaraz lo contaba a quien quisiera oírlo; lo contó tantas veces, que la
policía acudió a escuchar su versión. Después de la policía, hombres caraduras,
de mal aspecto lo visitaron, no fue una visita de cortesía ni para escuchar la
historia del hombre secuestrado. Estos hombres cargaron con el pinto y en nada
les emocionó  la maravilla de un perro
hablador. Cuentan los que vieron el hecho, que al Pinto lo golpearon feamente
en la cabeza, antes de meterlo en un costal y posteriormente en la cajuela de
un auto grande y negro.


Esta fue la
trágica historia del perro que aprendió a hablar, posiblemente se trataba del  perro más listo de la tierra, pero ni toda la
inteligencia lo libró de padecer las  mismos
debilidades que sufren los hombres.
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El Niño Vejiga buscando trabajo





Siga las aventuras del Niño Vejiga, un personaje  de la calle, no es un niño, el niño vejiga es su apodo; Sígalo a través de este canal, sus encuentros con personajes famosos como Enrique Peña Nieto, Nicolás Maduro, con gente de la farándula, políticos  y toda clase de alimañas.
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viernes, 22 de julio de 2016

La leyenda del niño perdido salvado por un perro





La historia de un pequeño niño perdido en un bosque y salvado por un perro.
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Las aventuras del Niño Vejiga







Vejiga  no fue más
allá del metro cuarenta y cinco de estatura,
su padre, alcohólico y drogadicto
no lo maltrataba, pero tampoco lo envío a la escuela ni  le llamó
la atención, cuando a los  diez
años empezó a fumar  tabaco y marihuana.
De cuerpo menudo, rostro oriental, labios apenas visibles en
una boca   abultada  como pintarrajeada de manera poco seria, en
una cabeza gris  también menuda; se
paseaba descalzo, exhibiéndose por las calles del  pueblo con
un enorme cigarro pegado a los labios. Andaba, arqueando los brazos  y la espalda,
pretendiendo verse intimidante, mas, solamente causaba risa a quienes lo
veían.


Vejiga era pequeño de la cabeza a los pies y su máxima
aspiración, era tener el reconocimiento de la gente que lo conocía.
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